SOBRE LA PUBLICACIÓN DE RANKINGS DE ESCUELAS


http://www.preal.org/Grupo3.asp?Id_Noticia=304&Id_Grupo=3

El OBSERVATORIO REGIONAL DE POLÍTICAS DE EVALUACIÓN EDUCATIVA, en su boletin de agosto, aborda este controvertido asunto de la PUBLICACIÓN DE RANKINGS de escuelas en base a las evaluaciones externas realizadas.
Esta práctica anglosajona es seguida en varios países latinoamericanos como México, Brasil y, sobre todo, Chile.
En euskadi, al implantar las Evalauciones de Diagnóstico, tuvimos claro que era injusto publicar resultados descontextualizados de centros educativos cuyos puntos de partida son distintos, ya que el alumnado que atienden no posee las mismas oportunidades familares, económicas etc.
Por tal motivo, en Euskadi sólamente los centros conocen su propia situaciòn, aunque los padres también estaba previsto que recibieran una comparativa no numérica.
Copiaré, por su interés el apartado cuatro, aunque recomiendo el boletín entero.

4. La difusión de resultados por escuela, ¿produce mejora educativa?

De acuerdo con lo expuesto en las páginas anteriores, la divulgación pública de resultados escuela por escuela puede estar sustentada por tres tipos principales de argumentos.

En primer lugar, los orientados a la creación de un mercado competitivo entre las escuelas, similar al que existe en las actividades comerciales. Quienes proponen esta modalidad sostienen el derecho de las familias a “votar con los pies”, llevando a sus hijos a las escuelas con mejores resultados. Esto obligaría a las restantes escuelas a esforzarse por mejorar, para evitar quedarse sin alumnos.

Un segundo conjunto de argumentos pone el foco en el derecho de las familias a tener información sobre la educación que están recibiendo sus hijos, lo cual les permitiría exigir mejoras a los directivos y docentes de las escuelas. Los resultados a nivel nacional o estatal son muy generales y, por lo tanto, insuficientes para movilizar a las familias en la demanda de mejor educación. Padres y madres solamente se movilizan cuando ven los problemas de calidad que afectan a la escuela en la que están sus propios hijos.

El tercer conjunto de argumentos se orienta a promover la participación y el control ciudadano en el ámbito del sistema educativo. La difusión pública de los resultados de las escuelas contribuye a generar presión social para la mejora educativa y, del lado de la escuela, preocupación por la imagen pública, de la cual se derivaría una mayor responsabilidad por los resultados y un esfuerzo por mejorar las prácticas de enseñanza.

Si bien estas razones son atendibles, existe evidencia empírica que pone en cuestión su validez. Estudios realizados en Chile (ELACQUA & FÁBREGA 2004, OCDE 2004) muestran que, en general, quiénes más hacen uso de la posibilidad de elección son aquellos padres de mejor situación económica (porque pueden trasladar a sus hijos hasta un centro educativo distante de su domicilio) y mejor nivel cultural (porque pueden acceder a más información sobre los centros educativos). Simultáneamente, los estudios realizados en Chile muestran que, aún cuando las familias de mejor posición económica tienen mayor conocimiento de los resultados del SIMCE, casi no los toman en cuenta a la hora de elegir escuela para sus hijos. Deciden en función de otros criterios, tales como opciones de tipo religioso o el tipo de compañeros que tendrán sus hijos. Para las familias de sectores populares, en cambio, la razón principal para “elegir” una escuela es la cercanía del hogar.

En cuanto a la relación entre divulgación de resultados por escuela y mejora de los mismos, la evidencia en principio indica que la calidad educativa depende de otros factores. En el caso de Chile, sabemos que luego de casi dos décadas implementando esta estrategia, los resultados han mejorado poco. Las experiencias de México y Brasil son todavía demasiado recientes como para evaluar su impacto. En cambio, es notorio que los países con mejores resultados en las evaluaciones internacionales (Finlandia, Corea del Sur, Cuba, Australia, por mencionar algunos de distintos continentes), no apelan al uso de rankings ni a la difusión pública de resultados por escuela. Cuando realizan evaluaciones externa, como en los casos de Cuba y Australia, los resultados son empleados principalmente al interior del propio sistema educativo, como herramienta de análisis para los docentes (FOSTER & VALVERDE, 2003; VALDÉS 1999; GONZÁLEZ y otros, 2008).

Simultáneamente, existe evidencia en el sentido de que la divulgación de los resultados por escuela puede tener efectos contrarios a los buscados. Puede generar desmotivación en los centros educativos que aparecen sistemáticamente en posiciones inferiores (sobre todo si dicha situación se deriva de un inadecuado tratamiento de la información, como ocurre en el caso de los “semáforos” chilenos). Evaluaciones realizadas en Chile de uno de los principales programas de incentivos económicos vinculados a resultados, el SNED, que premia al 25% de los establecimientos con mejores resultados, muestran que el sistema motiva hasta el 40% de la distribución, es decir, a los que ganan el premio y a los que quedan cerca del límite. Pero, simultáneamente, la mitad inferior de la distribución simplemente se desentiende de la “competencia” (MC MEEKIN 1999).”

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